Violencia insensibiliza a menores en escuelas de Honduras
08:28 am - Redacción: redaccion@laprensa.hnMaestros y alumnos aseguran que se han acostumbrado al ingreso de maras a las escuelas y colegios.
Honduras
Tiene 11 años y “Fernando” ya distingue un arma calibre 22 de una 9 milímetros. En su barrio la mara les ha enseñado a “protegerse” de las maras contrarias y de la Policía. Es apenas un niño de cuarto grado y nada le asusta.
“A mi papá lo mataron en el pasaje cuando la Policía se enfrentó con la mara; ahora qué más me puede pasar. Todos mis compañeros ya se acostumbraron a escuchar disparos, a correr cuando hay enfrentamientos entre las maras, y a ir a las escenas a ver los muertos. Todas las noches se escuchan tiros y ya me enseñaron a disparar”, dijo el menor.
La de “Fernando” no es una historia aislada. Es una de las tantas que se cuentan en los centros educativos de San Pedro Sula , adonde las distintas formas de violencia azotan la vida de los menores, (criminal, doméstica, íntima, callejera) y que pone en riesgo, a diario, sus vidas. Una frase del menor resume la realidad violenta que les aqueja: “Estamos acostumbrados”.
La violencia
Sorprende a especialistas en salud mental conocer casos donde niños y niñas a temprana edad evidencian cómo los impacta la violencia. Verla tan de cerca y hasta sufrirla hace que se vuelva un modelo y la utilizan como mecanismo de defensa para atemorizar y sentirse protegidos.
“Hace dos semanas conocí el caso de una niña de tres años que con una pistola de juguete que amenazaba con matar a un hombre. Pareciera un juego, pero esos síntomas nos indican cómo la violencia está penetrando a los niños desde pequeños. -¿Adónde lo escuchó?- No sabemos, pero la violencia está en el ambiente. Lo que escuchan y observan es relacionado con muerte y eso es lo que asimilan que es normal, por eso contestan o hablan de esa manera.
Es peligroso porque puede generar que ese niño o adolescente en el futuro va a reaccionar de forma violenta porque es lo que está aprendiendo del entorno”, explicó el psoquiatra Bismark Espinoza.
Una maestra de una escuela de Chamelecón escuchó a sus alumnos de tercer grado hablar de asesinatos, violaciones, tiroteos y peleas callejeras. Los pequeños lo oyeron de sus padres que compartían en un grupo.
La maestra sorprendida de las expresiones de los menores cuyas edades oscilan entre los ocho y nueve años les pidió que dibujaran lo que les gustaba y les disgustaba de la escuela y la comunidad. La hoja en blanco que la maestra entregó a los niños fue dividida en dos partes.
El experimento reflejó un dato interesante que la docente compartió con LA PRENSA.
Uno de los niño dibujó en uno de los cuadros a varios niños jugando fútbol y el portero cayendo por el gol que uno de los equipos anotaba. El niño tituló el dibujo: “Me gusta”.
En la otra mitad de la hoja el menor tituló “No me gusta” y dibujó a dos hombres con pistolas disparándose uno al otro. El mensaje era claro: por mucha violencia que se respira en el ambiente y aunque se acostumbren, en el fondo los niños la rechazan.
Señales
“Mataron a mi vecino ayer, fue cerca de la casa. Era un banda de ladrones, aunque mi papá dice que eran de la mara”, relata uno de los niños.
Otra alumna interrumpe el relato y dice: “Yo estaba en la ventana y también escuché los tiros”. La maestra quedó asustada y les dijo a los niños: “Tengan cuidado”. Los niños respondieron: “Estamos acostumbrados”
La frase evidenciaba el nivel de insensibilidad que desde pequeños los menores adquieren porque permanecen en ambientes cargados de violencia.
“Los niños aprenden conductas, la violencia está penetrando en los niños desde pequeños. Los niños no analizan, solo captan, entonces si hay violencia en los hogares, en las escuelas y en los barrios el resultado es conductas violentas .
Se debe trabajar en programas de salud mental de prevención para contrarrestar la carga negativa a la que se exponen los pequeños. Hay una “desensibilización” frente a la violencia en comunidades adonde esta registra una alta incidencia. La gente presta menos atención a los episodios de violencia. Los niños y jóvenes hablan casi compulsivamente del último tiroteo o muerte”, dijo Espinoza.
El control en los hogares, escuelas y colegios escapa de los padres, tutores y docentes, se ven impotentes, se convierten en espectadores.
El temor les invade, y ante la amenaza real de morir por evitar el involucramiento de los menores en las maras de los barrios y colonias, permiten el liderazgo negativo de estos grupos que va carcomiendo a este núcleo de población, adonde los niños y jóvenes se ven atrapados y sin salida.
Sin control
“La mayoría de los padres trabajan, y los alumnos la pasan solos en la casa. O solo tienen papá o solo la mamá, son hogares desintegrados donde hay poco interés. Muchos de los padres de familia solo vienen a matricular a sus hijos y se olvidan de ellos, no los volvemos a ver en las escuelas y colegios”, comentó una de las maestras de una escuela en el sector López Arellano que tiene alumnos integrantes de maras.
La maestra relata que los otros miembros de las pandillas que no están matriculados entran regularmente en la escuela; ella también tuvo que adaptarse a ver el ingreso de niños y jóvenes armados al centro.
“Se colocan al lado de las aulas, y claro, distraen a los alumnos. Una no les puede decir nada, por temor a represalias. Entonces no les damos importancia, hay que seguir trabajando y se quedan observando las clases”, dijo la docente.
Esa es la realidad no solo de la escuela de la López Arellano, sino de todas las zonas adonde el control lo han tomado las maras.
Medidas
Para frenar la avanzada de las maras en centros educativos, desde 2010 el CICR (Comité Internacional de la Cruz Roja Hondureña) y la Secretaría de Educación lanzaron el proyecto AEH (Abriendo Espacios Humanitarios).
El proyecto busca medidas de seguridad en las escuelas, primeros auxilios y atención médica, apoyo psicológico de urgencia y promoción en las clases de principios y valores humanitarios.
En los cursos se intenta crear conciencia e inculcar comportamientos de respeto y protección de la vida y la dignidad de la persona.
Son 20 escuelas de cinco departamentos: Atlántida, Colón, Copán, Cortés y Francisco Morazán, que son los más afectados por la violencia organizada, donde aproximadamente 7,500 alumnos y 80 docentes se benefician de forma directa del proyecto.
Además, la Policía Nacional se prepara por medio de la Policía Comunitaria para el trabajo directo con centros educativos adonde especialistas dan charlas a los alumnos acerca de las pandillas, drogas y violencia.
En San Pedro Sula, la Policía Nacional establece retenes permanentes y patrullajes en los centros de enseñanza. En el plan de trabajo contemplan la Policía Escolar no solo en los centros educativos en conflicto, sino en todas las escuelas.
“Coordinamos con las autoridades educativas las acciones que en materia de prevención se pueden realizar conjuntamente. El problema está dentro de las prioridades de trabajo, pero siempre mantenemos operativos permanentes en los sectores en conflicto, hay vigilancia en las horas de entradas y salidas de alumnos, patrullajes móviles y comunicación constante. Les pedimos a los docentes que nos informen del accionar para actuar de inmediato ante una emergencia”, informó Leonel Sauceda, jefe de la Policía Metropolitana número 2.
Prevención de violencia
Tegucigalpa. Karl Heinz Rode, embajador de Alemania en Honduras, anunció que ese país donará 15 millones de euros para fortalecer el aspecto de seguridad en Honduras, específicamente la prevención de maras.
Los recursos servirán para programas dirigidos a evitar que la niñez y la juventud caigan en pandillas.
Otro proyecto orientado en la prevención del crimen lo realiza Naciones Unidas. Melva Ramírez, coordinadora, afirmó que los programas “Familias fuertes” y “Escuelas abiertas” funcionan en Tegucigalpa (centro), San Pedro Sula y La Ceiba, en barrios y colonias que han sido identificados como violentos y que fueron implementados desde enero.
“El trabajo está dando los primeros resultados, se está instruyendo a 3,750 líderes que trabajan en los 50 municipios considerados más violentos del país, la experiencia es interesante”, afirmó Ramírez.
